Un reciente artículo del investigador Hector Zenil de la Universidad de Cambridge ha proporcionado una prueba matemática para lo que muchos científicos de la computación han sospechado durante mucho tiempo: los LLMs (Modelos de Lenguaje Extenso) no pueden auto-mejorarse entrenando con sus propios outputs. El fenómeno, llamado colapso del modelo, ocurre cuando estos modelos estadísticos comienzan a alimentarse de su propio contenido generado en lugar de datos frescos creados por humanos. Piensa en ello como una versión intelectual de la enfermedad de las vacas locas, donde el sistema se degenera lentamente al consumirse a sí mismo. El problema principal radica en lo que los LLMs realmente son frente a lo que sugiere el bombo. A pesar de todo el marketing exagerado sobre inteligencia artificial y aprendizaje automático, estos sistemas son fundamentalmente motores de probabilidad. Analizan enormes conjuntos de datos de textos creados por humanos y construyen modelos estadísticos que predicen qué palabras deberían seguir a otras palabras. Cuando le preguntas algo a ChatGPT, no está pensando o razonando de manera significativa. Está ejecutando un cálculo sofisticado para determinar qué secuencia de palabras es más probablemente estadística dado tu indicación. El artículo de Zenil demuestra que cuando un LLM se entrena con su propio output o con contenido creado por otros LLMs, sufre lo que él llama dinámicas degenerativas. El modelo no aprende ni mejora; converge en una singularidad estadística, esencialmente convirtiéndose en una cámara de eco distorsionada de sus propios sesgos y patrones. Cada generación de auto-entrenamiento amplifica las peculiaridades y errores existentes mientras pierde la diversidad y riqueza de los datos de entrenamiento originales generados por humanos. En unos pocos ciclos, el output se vuelve cada vez más homogéneo, repetitivo y despegado de la realidad. Esto no es solo un problema teórico. A medida que el contenido generado por IA inunda Internet (algunas estimaciones sugieren que el texto creado por IA ya comprende el 10-15% del nuevo contenido web en 2026), los futuros LLMs enfrentan un conjunto de datos cada vez más contaminado. Compañías como OpenAI, Anthropic y Google ya están luchando por encontrar suficientes textos de alta calidad generados por humanos para entrenar sus modelos de próxima generación. La solución fácil de usar datos sintéticos, dejando que la IA entrene IA, resulta ser un callejón sin salida. El artículo propone mecanismos potenciales para contrarrestar la decadencia de la entropía dentro de estos modelos, pero la conclusión fundamental se mantiene: los modelos estadísticos requieren un anclaje externo continuo a datos generados por humanos para evitar el colapso. No hay un bucle de retroalimentación mágico donde la IA se entrena a sí misma hasta volverse superinteligente. El concepto tan publicitado de AGI (Inteligencia General Artificial) que emerge de LLMs escalados parece cada vez más un delirio febril vendido por capitalistas de riesgo y evangelistas tecnológicos que confundieron la coincidencia de patrones con el pensamiento.