El rover Curiosity de la NASA, el robot del tamaño de un coche que ha estado explorando Marte desde 2012, acaba de convertirse en la primera máquina en realizar un experimento químico sofisticado en otro mundo. Usando dos tubos de un compuesto llamado TMAH (hidróxido de tetrametilamonio), normalmente usado en laboratorios en la Tierra para descomponer materiales orgánicos e identificar sus componentes, Curiosity detectó más de 20 moléculas orgánicas en muestras de roca marciana del Cráter Gale, un antiguo lecho lacustre. Entre ellas: benzotiofeno, un compuesto que contiene azufre y que también se encuentra en meteoritos y asteroides que impactan en superficies planetarias. El descubrimiento es importante porque estas moléculas han estado encerradas en piedra durante más de 3 mil millones de años, de una era en la que Marte probablemente tenía agua líquida en su superficie. Esa es la época de Ricitos de Oro cuando el Planeta Rojo podría haber sido habitable. Amy Williams, astrobióloga que trabaja en la misión Curiosity y autora principal del estudio publicado en Nature Communications, lo llama 'química prebiótica', los ingredientes básicos que podrían conducir a la vida, no prueba de que la vida existió. Los mismos compuestos orgánicos que llovieron sobre Marte a través de rocas espaciales también bombardearon la Tierra primitiva, posiblemente proporcionando el kit de inicio químico para la biología tal como la conocemos. Aquí está la realidad: las moléculas orgánicas no son fósiles. Son compuestos basados en carbono, y la química del carbono ocurre en todo el universo, ya sea en organismos vivos o no. Estas moléculas podrían haberse formado a través de procesos completamente no biológicos en el propio Marte, o llegaron como escombros cósmicos. Lo que hace que este hallazgo sea significativo no es que grite 'aquí vivieron alienígenas', sino que demuestra que estas frágiles firmas químicas pueden sobrevivir miles de millones de años en la geología marciana, incluso a través de la dura radiación y oscilaciones de temperatura del planeta. El experimento con TMAH fue una prueba de concepto con grandes implicaciones para futuras misiones. El rover Rosalind Franklin de la ESA (Agencia Espacial Europea), ahora programado para lanzarse a finales de 2028 después de años de retrasos, llevará TMAH y tiene un taladro que puede cavar mucho más profundo que los rasguños superficiales de Curiosity. La perforación más profunda significa acceder a rocas menos golpeadas por la radiación superficial, donde podría esconderse una química orgánica más compleja. La NASA también anunció que el compuesto viajará en la misión del rotor de Dragonfly a la luna Titán de Saturno, programada para lanzarse en 2028, donde los científicos esperan un paraíso de química orgánica en los lagos de metano de Titán y su atmósfera rica en nitrógeno. La verdadera historia aquí no es lo que Curiosity encontró, sino lo que demostró posible. Realizar experimentos de química húmeda a 140 millones de millas de la Tierra, en un lugar donde las temperaturas oscilan 170 grados Fahrenheit entre el día y la noche, es absurdamente difícil. El hecho de que haya funcionado significa que la próxima generación de exploradores de Marte puede llevar laboratorios más ambiciosos en sus entrañas, buscando no solo moléculas orgánicas, sino huellas químicas sutiles que separen la geología de la biología. Todavía estamos buscando vida en Marte. Acabamos de obtener mejores herramientas.