El equipo de investigación manipuló relojes atómicos ultraproductos que atrapan iones individuales como el aluminio y el iterbio, enfriándolos a temperaturas cercanas al cero absoluto. Al golpear estos iones atrapados con pulsos de láser, forzaron a los relojes a estados cuánticos donde el concepto de una sola tasa de tic uniforme se descompone por completo. En lugar de medir el tiempo a una velocidad consistente, un solo reloj en superposición cuántica experimenta múltiples tasas de pasaje del tiempo a la vez: envejece tanto más rápido como más lento en el mismo momento. Esto no es solo una abstracción teórica de la física. Las implicaciones surgen de fusionar la relatividad de Einstein (que dice que los relojes marcan a diferentes ritmos dependiendo de la velocidad y la gravedad) con la mecánica cuántica (que dice que las partículas pueden existir en múltiples estados simultáneamente). Investigadores del NIST mostraron anteriormente que un reloj que se mueve a solo 10 metros por segundo quedaría detrás de un reloj estacionario por un segundo después de 57 millones de años. Ahora imagine que ese mismo reloj existe en una superposición de diferentes velocidades: experimentaría múltiples líneas temporales simultáneamente. El equipo fue más allá manipulando el vacío cuántico mismo, creando lo que los físicos llaman "estados comprimidos" donde la posición y velocidad del reloj exhiben un comportamiento cuántico puro. Gabriel Sorci, un candidato a doctorado en Stevens que trabajó en el proyecto, explicó que los relojes atómicos se han vuelto tan sensibles que detectan pequeñas diferencias de tiempo debido a vibraciones térmicas a temperaturas cercanas al cero absoluto. Pero incluso en el estado teórico de energía térmica cero, las fluctuaciones cuánticas aún afectan la tasa de tictac. Igor Pikovski, profesor asistente de física teórica en Stevens, propuso por primera vez esta idea hace más de una década, pero carecía de la tecnología para probarla. La generación actual de relojes atómicos y herramientas de manipulación cuántica finalmente hacen posible la verificación experimental. El marco teórico publicado en Physical Review Letters proporciona la base matemática; ahora viene la parte difícil de demostrar realmente estos efectos en un laboratorio. El trabajo revela algo profundo sobre la estructura de la realidad: el tiempo no es el metrónomo rígido y universal que experimentamos en la vida diaria. A escalas cuánticas, el tiempo se vuelve tan difuso y probabilístico como la posición o el momento de las partículas. Esto desafía la suposición de la física clásica de que el tiempo fluye de manera uniforme para todos los observadores, reemplazándola con una imagen cuántica donde el flujo temporal mismo se convierte en objeto de superposición y entrelazamiento.